antes de seguir con las vacas un nuevo vinculo literario

TRABAJANDO EN LA FÁBRICA.
El trabajar en este lugar es algo que desquicia. Con tan solo observar a mis compañeros me dan ganas de huir. Mirar esa cantidad absurda de vellos en sus brazos, manos y cara me hace sentir una digna repulsión. No solo los machos tienen ese, llamémosle defecto, sino también las hembras. Es gente que babea sin cesar. Sus ojos te ven con rabia, te siguen a donde vayas. Nunca te despegan la vista. Y te miran como si te quisieran comer. Es clara su intención de esperar que te desprevengas y ellos se te lanzaran a mordidas directas al cuello para hacerte desangrar y convertirte en un molde vacío.
Pero ¿Qué hago aquí? Se han de preguntar. El trabajo me lo consiguió un amigo que necesitaba de alguien para que le hiciera un paro. Ese alguien soy yo. Yo estaba haciendo de la vida huevona una carrera, una maestría, un doctor “horroris causa”. El chico que el trabajo le era lo mas abyecto. Yo merito fui su elegido para tan funesto paro martillo. Me soltó la triste historia de que la hija del dueño de una fábrica era su noviecita santa y que el como buen muchachon quería demostrarle a su suegro que era capaz de estar con su niña preciosa. Por lo cual el Señoron papá de la novia le había conseguido dos plantas para trabajar en su fábrica de “combustible mágico”. Pero ni el y ni mucho menos yo esperábamos tales condiciones de trabajo.
El primer día de llegamos a la fábrica después de un recorrido desde Ciudad Capital hasta los nuevos basureros de petróleo. Caso 7 horas dentro de un autobús foráneo del año de la canica. A pesar de mega propulsión a chorro el tráfico era insoportable. Claro eso no es noticia. Lo que fue noticia era que el séptimo piso funcionara a toda su capacidad y aún así el recorrido fue largo, cansado y aburrido. Todo sea por los cuates. Al bajar del bus caminamos unos cuantos pasos y al doblar la esquina un enorme portón rojo nos decía que ahí era. El croquis virtual así lo demostraba. Portón rojo trabajo seguro brillaban las letritas en la pantallita de mi palm39-lps. Tocamos a la puerta. Tosh-Tosh. Una voz de ruco macizo nos preguntó si éramos los nuevos. Nosotros respondimos que a hueso. La puerta se abrió y un niño diminuto era el dueño de la voz de ruco rudo. Caminamos sin quitar la vista de tan cajeto doormen. El pequeño muñekin abrió otra puerticita que tras rechinar nos dejo ver el show del cual seríamos parte de ahora en adelante: Cientos sino es que miles de simios se arremolinaban en tremendas maquinas que expulsaban cantidades funestas e vapor rojo claro. Un ruido que al principio parecía murmullos de sirenas nos trituraba los oídos. Metales cayendo, mugidos de simios, olor a grasa quemada, agua estancadas por el piso resbaloso; cacofonía visual en su máxima expresión. Lo que mas destacaba entre este tremendo desfile de cosas extrañas, al menos para mí, eran varios pares de gordos gigantes que no sabia que diablos hacían ahí. Estaban dentro de unos chiqueros gigantes. Pero la bruma no dejaba ver bien el resto. Solo sus torsos descomunales se podían ver. Hasta ahora.
--Vaya vaya con el lugarcito—Le dije a mi compa.
--Aguanta. Son solo unos meses—Me contesto no sé si angustiado o esperanzado por conquistar a la nena el dueño de esta cosa.
Antes nuestra absorta pose no me di cuenta de cuando llego el simio este a guiarnos. Como estos tipos no saben hablar solo sentí su jalón que dio a mi brazo. Jurga jurga me decía. Así que lo seguí. A mi cuate otro simio se lo llevo en la dirección contraria. Chale ahora estoy de a soldado. El simio me adentraba entre las máquinas y los charcos apestosos. Jurga Jurga seguía diciendo. Me llevó hasta un cuarto privado en donde hizo que me pusiera un traje de plástico grueso sobre mis ropas. Tan elegante iba creyendo que el trabajo iba a hacer dentro de una oficina, ja. Me quite mi corbatín parisino comprado en Mega Tepo Centro, no quisiera que se llenara de la melcocha maloliente que abunda por aquí. Me visto en corto y el simio guía otra vez: JURGA JURGA, futss, nadamás saben decir eso jurga pa’ ca, jurga pa`lla. De nuevo al laberinto de maquinas. Me doy cuenta poco a poco que esto está lleno de simio hembras y hermafrodos. Uno que otro macho se puede ver pero en lo que parecen ser puestos de mando o control. Discriminación sexual en simios, el colmo. Creyendo que eso esta abolido, penado, castigado y prohibido aquí al parecer les vale gorro. Pero ni modos que se puede hacer. Cada uno esta clavadísimo en su actividad. Si no fuera por el apeste a sudor simiesco se podría decir que parecen robots. Y pensar que los próximos tres meses tendríamos que codearnos con estos tipos. ¡Yurggh!
Un dolor de cabeza se empezaba a formar en mí. En eso llego el señor G. (humano) y me indicó mi tarea a cumplir. Antes le pregunte por mi compañero.
--¿El que llego contigo?—Me pregunto.
--Claro. —Respondí-
Me contó que a el le tocaría lavar narices de tres gigantes cerdos y guardar sus mocos para su posterior solidificación y así usarlos como lubricantes de naves. Literalmente.
A mi me llevo también a los cerdos pero estos eran los gordos que no pude ver completos cuando llegué. Mi trabajo consistiría en limpiar el culo de dos tremendos panzones (clarito se veían como esos mutantes que se perdieron en el embargo) para usar las bacterias de sus cagadas como armas bio-ilógicas en contra de la gran amenaza que son las ratas que pululan por la Gran Merced Biónica. Al menos mi labor era para algo bueno. Hacía años que esas ratas tenían a la Ciudad central bajo una amenaza constante. Eran tantas que si uno salía a la calle tendría que llevar botas antimordidas y pantalones sin bolsas. Solían meterse en las bolsas de la gente, escabullirse hasta sus “partes íntimas” y dejar a todos con dolores extremos. Aparte de que sus colas gruesas y pelonas arrastraban toda clase de virus nocivos. Ya era hora de acabar con ellas. Y que mejor que yo, el limpia culos de gordos, iba a contribuir con mi granito de arena para su total aniquilación. El señor G. al decirme como hacer mi chamba desapareció en medio de las maquinas. Me entere después que los productos que salina de la fábrica eran de lo más estrambótico: mocos, para lubricar, bacterias para matar, huesos para mascotas, semen para limpiar, mierda para comer y utensilios para cagar. Que bien!
A pesar de tener asco de los simios podía ver que no eran nada malos al trabajar. Al llegar me pareció que todo era un caos. Pero no. Todos ellos estaban organizados en grupos de tres a cuatro miembros Y cada uno hacia una actividad en particular. Eran un ballet peludo perfecto.
En lo que a mi respecta el cuadro laboral era el siguiente: Los gordos metían sus manos en cubetones llenos de grasa, se tragaban esa grasa parecida a un flan duro y la cual despedia un olor picante. Estos pintorescos seres llevaban más de treinta años sentados en ese mismo lugar sin moverse nunca. (Por eso se me hacían conocidos. El embargo de mutantes fue algo del que todo el mundo se enteró) Ellos solamente vivían para comer esa grasa y cagarla segundo después. Sus cerebros, si es que tenían, estaban conectados a unas compus por medio de unos cables que entraban bruscamente en su nuca. Las costras de sudor y mugre hacían que los cables empotraran a la perfección. Al parecer estas computadoras les mandaban los impulsos para comer, comer, comer y comer. Y eso lo hacían a la perfección. Nunca descansaban. Ni dormían. Ver a esos monumentos al trabajo sin paga era desconcertante. Mientras yo limpiaba su gran trasero me preguntaba ¿Se cansarán alguna vez? Ahí viene otra gran cagada ¿Estos cuates se mueren o los desconectan? ¡A limpiar ese ano gigante! ¿Pensaran en algo? Ufff una gran explosión intestinal. Mañana pediré un tapabocas.
Durante cuatro días mi tarea se iba convirtiendo en rutina. Llegaba a las ocho de la mañana, me ponía mi traje y comenzaba a limpiar culos. Y yo que creía que me iba a rajar. Después de todo los simios ni me pelaban. Ellos allá y yo acá. Al tercer día me dieron mi tapabocas. Vaya. Los gorditos cagaban cual reloj suizo. Ya los tenía bien medidos. Entre cagada y cagada me daba tiempo para pensar en otras cosas. La guerra en medio occidente, en cuando iría a ver a mi adorada Karmen, en la fiesta de fin de cursos porque antes de esto solía echaba la hueva e iba a la escuela y que mi paga fuera lo suficiente para comprarme el cyborg que tanto quería. Yea , mi propio cyborg, para mi solito. Mmm debía de trabajar más si quería ese maldito prototipo.
Pero todo cambio en el quinto día. Ya me decían que no había quinto malón pero… chin ni modos. “Nunca lo bueno fue suficiente. Lo malo es auto suficiente” decía mi abuelo. Es día me asignaron a una simia para que me ayudara. Pero si yo sentía que hacia mi labor a la perfección. Ya hasta los gorditos emitían sonidos como de rinocerontes enamorados cuando me veían. Pero no. Simia asignada al limpiador de culos. A huevo. Y así fue como esta simia desató un desmadre bien cabrón.
Para empezar la simíta parecía cargar con un retraso mental pesado (imagínate a un adulto con triple síndrome de dawn con pelos por todo el cuerpo y hable en mongol) A todas mis indicaciones me sonreía enseñándome sus verdes dientes. Cada cinco minutos azotaba en el suelo y se llenaba de mierda de los gordos, yo trataba de que me siguiera; mira pones así el papel recoge bacterias así mira lo pasas por la cosa esta y rápido rápido lo depositas acá. Ella solo sonreía. Mhlhljkhlh´,´JKLJLKd me decía. Futss más que ayuda parecía estorbo oficial. Pero vaya vaya. La niña peluda avanzó con asombrosa rapidez. A los dos días ya estaba pero que si daba miedo. Limpiaba los culos con una precisión casi quirúrgica y su rapidez estaba haciendo mella en los más veteranos. Era tal su destreza que los cubetones tenían que ser llenados el doble. Esto a los gordos no parecía gustarles pues estaban acostumbrados a comer a su ritmo. Y la destreza de la simia los hacia comer más y cagar más. Malo malo. Era tal su vibra trabajadora que la peloncita irradiaba energía lo malo era que solo ella la sentía. Yo me hacia pendejo dejándola hacer todo la chamba. A ella no parecía importarle en lo más mínimo. Solo cuando se acercaba el capataz de mala manera me levantaba y limpiaba un culito rápido y listo. Con que me vieran trabajando no había problema. Y así pasaron dos meses. La mona veloz cada día se volvía más rápida. Era de gozarse. Mi producción se había incrementado en un 7.8/4 por ciento y me dieron un aumento de .6/2/% increíble. También a la mona más rápida del sur le dieron su traje nuevo, bueno más bien le dieron un traje porque a los simios no les daban. Y así seguían pasando las horas y los minutos de ese día. Solo que de pronto la simia me veía con unos ojos de Ayyy nanita. Como que me quería comer con sus ojos. Parecían salirse de sus orbitas y meterse en mi entrepierna. Los gordos también como que se inquietaron con la mega actividad de la mona. Oteaban el aire algo que nunca los había visto hacer. De hecho nunca los había visto moverse. Movían sus cabezas sin cuello hacia atrás. Parecía que algo olían. Sus hoyitos nariz aspiraban algo y luego se volteaban para seguir comiendo. Conforme transcurría el día la simia hacia esfuerzos por acercárseme más e la cuenta. Ahora limpiaba los culos mientras ella meaba el suyo. Urggg!, nadamas de recordarlo creo yo que lo que quería dar a entender con esos tontos intentos era el de parecer sexy. Una simia sexy. Me guiñaba los dos ojos a la vez. Cerraba los dos al mismo tiempo. Parecía que una basurita se había metido a sus ojos. Me enseñaba la lengua y se lamía los cachetes. No sabía que la tenían tan larga. En eso apareció el capataz. Me acerqué a limpiar un culo gordo para hacer la piña. La simia aprovecho este instante para tocar mi pierna derecha. Una mano dura subía de pronto hasta mi verga. El capataz se fue sin decir nada. La simia parecía entrar en éxtasis profundo con solo acariciar mi pierna y parte de cintura para abajo. Volteo para ver si el capataz sigue ahí y vea lo que esta haciendo la hembra. Pero ya no esta. La simia sigue limpiando el culo y tratando de meter su mano por el cierre de mi traje. Me alejo de un brinco pero ella no me deja hacerlo. Me toma de mis nalgas y se hinca para que de un manotazo baje mi ziper y me baje el pantalón y saque mi verga fofa. Aquí es cuando creo que ya nada esta bien. Ella trata de metérselo ¡Y lo logra! En la boca. La simia mama mi verga con singular pasión cumbianchera. Diablos y ¿ahora que hago? Ella mamaba sin parar.Con una mano se bajo el cierre de su traje seminuevo dejando al aire sus peludos pechos. Un pezón grande y negro casi morao era pellizcado por sus propias manos. Cámara con esos pezones en verdad eran grandes. Me trate de separa de ella de nuevo pero mi intento fue en vano: Yo:cero, Simia:dos. Su fuerza era tal que por más que intentaba alejarla, que sacara su boca de mi pito, todo era inútil. Mientras la mierda que teníamos que recoger se iba esparciendo por el lugar. Poco a poco las defecaciones de los gorditos nos iba tapando los zapatos. Eso a ella parecía no importarle, es más, pareció llenarla de más pasión. El hedor a mierda era insoportable. Ni el tapabocas marca XXXX era capaz de sofocarlo. Los gorditos parecían darse cuenta de lo que pasaba pero no lo entendían. Seguían comiendo y cagando. Y yo sufriendo por que la simia dejara de chapármelo. Con todas mis fuerzas la empuje pero oh craso error casi me arranca mi príapo. No quedaba de otra. Me resigne. Y mientras me resignada la simia mame y mame. Yo pensaba: a de estar en brama esta cabrona. Y si. La muy sucia se metía ahora la mano en su peladísima concha y untar su sangre en mi verga para mamarla mejor. Ayayay eso si que no. Lo peor era que no lograba una erección para así eyacular y dar por terminado tan feo caso.
Las defecaciones de los gordos ya eran masivas e imparables. Su mierda rebasa la cintura de la simia que no paraba de mamar. De seguir así la mierda terminara por cubrirla y tendrá de dejar de fellatear. Pero no. El malcuadro no tenia por que parar ahí. La simia al darse cuenta de que podría continuar con su labor mamadera se irguió y se metió mi verga en su velluda raja. Un ardor recorrió mi pene entero, la textura del interior de su vagina era equiparable con la boca un lobo, con la piel de un tiburón, con la garra de un canguro, con una piedra pómez, con un guante de carnaza roto, con un guiño del diablo. Y ella ahora se meneaba con un brazo por detrás de mi cuello y el otro en mi cintura haciendo que me moviera de atrás hacia adelante. Mete y saca. Dolor ardor aire hedor y viceversa. La mierda sigue su curso desparramándose por todo el cuchitril. Su olor dios su olor me esta mareando y esta simia que no se cansa. Ella quiere un niño mío. Es lo que quiere y se lo voy a dar. Los gases de la caca de los gordos es alucinatorio. Ahora me doy cuenta. La simia lo sabe todo. Por eso esta aquí. Por eso ahora yo la tomo y la tumbo entre la mierda tratando de acabar lo que ella empezó. Que más da. Solo es una simia y me la estoy follando como mandan los antiguos cánones. La simia al notar mi rara aceptación a su llamada de apareamiento se regocija en aullidos y dejando caer ríos de baba en mi cara. Ahora yacemos los dos llenos de material fecal y cogiendo de lo lindo. Trato de sacar mis mejores cartas y la simia me lo agradece con un extraño apretar de sus paredes vaginales. Mi pene de pronto se siente aprisionado por una ventosas en el interior. Wow. La simia pone sus ojos en blanco y parece que por fin llegara al orgasmo. Pero no la dejo. Ahora soy yo el que quiere más. Los gordos cagan que te cagan. La mierda es alucinante. Volteo a la simia para perforar su vagina al estilo perruno. Ella se saca de onda. Ni siquiera conocen esta posición los pobres simios. Ahí te va. La mujer peluda chilla y se retuerce de placer. Su vagina chorrea líquido café oscuro y se esparce por …ya no hay suelo la mierda nos llega a la cintura y siento que estoy viviendo una experiencia fuera de lo normal. Su ano de la simia parece una boca, se abre y cierra al compás de esta canción. Mi curiosidad es grande y pongo mi pene ahí. Unos ¿labios? Salen de su ano y succionan mi pene. Extraña la sensación. Y me corro dentro de la simia.
Los gordos nunca se habían movido. Hasta hoy. Al terminar el acto sexual con la simia y desapendejarme volteo a verlos. Solo que ahora son ellos los que están viéndonos. Se han volteado para vernos. Y se han movido. LA mierda esta inundando el lugar. La simia esta recargada en una mesita que nunca había visto. Los gordos parpadean y se quieren mover más. No lo puedo creer. De las panzas de esos seres esta saliendo emergiendo un tentáculo parecido a un ojo de caracol. Y crece rápidamente. La simia no se da cuenta de nada. Los gordos tratan de desconectarse de los tubos de las computadoras. Fusshhhhh un gas sale de los tubos conectados en sus nucas y se acerca a la simia. Parece dormida pero grita al sentir el tentáculo que sale de la panza de los gordos que increíblemente ya se han salido completamente de su cubiculo. La simia me ve y grita:AOIUÖ, y ni modos yo mejor me visto y me hago el tonto. Los gordos la toman de la manos,uno y el otro de los pies. Su tentáculo crece y crece, la simia gime y lagrimas salen de sus ojitos. ¿Lástima? Me quedo quietecito y observo a mis gorditos. La simia muerde las manotas de los gordos pero es inútil pues alparecer estos tipos lo que tiene de gordos lo tiene de fuertes. Se mueven como si fueran tlaconetes. Se deslizan por el lugar y se ponen en los extremos de la simia a la cual no sueltan. Sus cuernitos de caracol se estiran de la panza se introducen por los orificios de la simia. LA boca y la vagina son invadidas por sendos miembros. La simia se retuerce y llorar sin producir sonido alguno. Y los gordos igual, calladitos moviendo su cabeza como diciendo ¿y esto que onda? Los ojos de la simia me dicen que sufre un chingo. Demasiado diría yo. Los cuernitos de caracol se dejan ver por entre la piel de la simia parecen ser palos de metal queriendo salir de una bolsa de plástico. La piel de la simia se desgarra sin ruido. Solo se escucha un crop al salir un cuerno por la espalda de la simia. Los gordos siguen sin entender lo que están haciendo. La simia esta partida por dentro. Y los gigantes cagantes siguen con su lento mete y saca. Hasta que deciden sacar sus “pitos” de la simia y lentamente regresan a su lugar para reconectarse a la computadora. Clic. Vuelven a comer y a cagar. La mierda ya esta en un nivel inaceptable. La simia esta muerta y semihundida en la mezcla gigante de semen con calabaza, tripas y sangre. Y yo… salgo del cuchitril para informar del “accidente”.

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