AHORA HASTA LOS PERROS.

--Júrame que no los has visto.
--No, no los he visto.
--Pero si son lo máximo. Si los vieras pensarías lo mismo que yo.
--Bueno pero ¿En donde los puedo ver?
--Muy fácil solo sígueme.
Carmen se topo con este dealer de emociones muy entrada la noche y como iba totalmente dopada con locaíma pues le pareció interesante su propuesta: Conocer a los perros adivinadores.
Para Carmen no había algo que la prendiera, solo la locaíma, esa rara sustancia generada por las Bodegas de Infracción Toxica y que provenía del culo infectado de niñas siamesas. Esta fabrica era conocida mundialmente por la fabricación in vitro de siamesas, las cuales una vez cumplidos los dos años eran infectadas con cierto virus “innombrable” para después rascarles el culo en busca de la preciada locaíma. Y Carmen era una adicta.
--Bueno llévame. —Contestó Carmen sudando copiosamente.
El dealer al verla tan agitada pensó que lo mejor era aprovecharse de la niña.
--Pero tienes que adelantarme algo. –Carmen lo miro resignada.--¿Que te parece si me das una chupada?
--Bueno pero apresúrate que el rush se esta debilitando.
El dealer abrió rápidamente su gabardina (¿Que es un dealer sin una gabardina? Nada) dejando ver sus pulposos miembros. Carmen que presumía de ser la súper mamadora de miembros se quedo estupefacta al ver esos graciosos tentáculos que se movían independientemente uno del otro.
--¡Vaya eres un textex!
--Apenas te das cuenta, ¡Órale a mamar!
Carmen se hinca y se mete los tentáculos en la boca. La sensación es obviamente rica pues los mama con devoción judía hasta que el textex eyacula.
--Bueno, ahora si sígueme. —El textex se abrocha la gabardina y camina rápidamente.
Carmen se limpia la boca y escupe un gargajo de color... ¿que color es ese?
Caminan por los barrios y callejones más impíos de Ciudad Central, pero eso no cala tanto como al llegar a la carpa de los Perros Adivinadores.
La fauna ahí congregada es tal que hasta Carmen se siente cohibida y eso que ella es CARMEN.
--¿Bueno y ahora que?—Pregunta Carmen que ya siente el bajón de la locaíma.
--Espera tantito. Tiene que empezar el ritual.
--¿Cual ritual, pinche textex?
--Pues con el Ritual, tú espera y no desesperes.
--Bueno.
Carmen observa, se siente segura a lado del textex que la invita a unirse a la congregación. Carmen duda por un momento en unirse a tan extraña gente pero al ver a la famosa estrella de películas porno cyber hard core Romina se tranquiliza. Al poco tiempo se da cuenta que varias estrellas del show bussines se encuentran ahí: El niño prodigio de las grandes bolas, La abuelita Pepa Floja y hasta El creador del culto más peligroso del planeta Satyricox Belcebazz. Además de toda una gama de seres que ni en sus peores reuniones sabáticas Carmen haya podido imaginarse encontrar.
--¿Bueno y a que hora comienza el ritual?—Pregunta sin ganas Carmen que no quiere mostrarse emocionada.
--Ahora kismo (mismo) —Le responde el tex-tex abriendo su gabardina y dejando sus miembros al aire y a la vista de todos.
Un altoparlante anuncia que el ritual comenzara ¡Right Now! La gente forma un semicírculo enfrente de la entrada de la carpa, unas luces verdes se prenden y la puerta de la carpa se abre. La gente se arremolina para poder entrar. Algunos se acomodan en las sillas de plástico verde y los demás se quedan de pie esperando ver mejor a los Perros Adivinadores.
Cinco minutos son suficientes para que unos demenciales enanos con cadenas en las manos traigan a los perros adivinadores. Carmen pensaba en que se tratarían de perros normales o deformes pero se tratan de unos perros bastante especiales.
Son tres perros. Cada uno lleva una capa que cubre sus cuerpos. Únicamente se puede ver su cabeza la cual es transparente. Los enanos les quitan la capa y se puede ver que los tres perros son transparentes en su totalidad. Su piel es más bien una membrana delgadísima que deja ver sus órganos y una extraña luz roja que parpadea es al parecer su corazón.
Carmen esta contentísima. Nunca había visto unos perros así.
Los tres dementes enanos se acercan a la gente y comentan entre ellos quien es el que debe de comenzar con el ritual. Un monje de la sagrada procesión de los genios incultos se acerca y alza la mano. Al parecer ya tiene experiencia en este ritualcillo. Los enanos comentan entre ellos y asientan con la cabeza. El monje se acerca a los perros, se arrodilla frente al más pequeño, se mete una mano en el hoyo de su cabeza y procede a lamer los testículos del perro, y así con los otros dos.
--Conque este es el ritual, he testes. —Comenta con un susurro Carmen quien esta tan emocionada que le tiembla el labio superior.
--Así es Carmen. Pero observa lo que sigue. Te va a fascinar.—El tex-tex esta absorto con el ritual. Le encanta.
El monje al terminar de lamer las bolas de los canes, se comienza a masturbar y una vez que eyacula se traga lo que sale. Nada del otro mundo, piensa Carmen, hasta mi hermanito lo hace. Pero después de tragárselo saca un puñal mediano y se saca los ojos. Así de simple. Después de su mutilación voluntaria los enanos dicen: Todos saben que una vez que has comenzado el ritual debes de otorgar algo a los perros, y este buen señor les ha brindado sus ojos.
El monje, con sus cuencas vacías y con sus ojos en la mano recita: Solo así los perros podrán seguir viendo el futuro, el presente, el paso del tiempo que nunca existió. El pasado a nadie le importa
Carmen ve que los perros parecen decir si con la cabeza.
Al término de su sabia frase unas niñas de vestido rojo ayudan al monje ciego. Los enanos jalan a los perros para que queden enfrente de los espectadores. La gente crea una larga fila en donde Carmen y el textex son los últimos. Carmen se sorprende pues ahora la carpa parece más grande e iluminada. La luz procede de unas hogueras colgantes del techo. El centro de la carpa esta rodeado por enanos que no paran de musitar frases inentelegibles. Los perros se acomodan, ya sin la ayuda de los enanos en unos cubos de madera pintados de colores psicodélicos. La gente comienza a aullar, silbar, palmear y llorar. Los perros permanecen sentados. De la parte baja de la carpa se abre una compuerta hasta el momento invisible y de ella sale una bella doncella sin brazos. Lleva una túnica transparente que deja ver su delineado y voluptuoso cuerpo a los cientos de asistentes. Los perros voltean al unísono y comienzan a agitar las colas. Carmen espera.
La doncella se acerca dulcemente a los perros. Carmen enfoca su mirada. La doncella se vuelve a meter dentro de la compuerta y desaparece. El textex, extasiado, le comenta a Carmen que después del ritual puede comenzar a pensar en las preguntas que les hará a los perros. Carmen comienza a pensar.
Mientras piensa varios asistentes se forman de nuevo para que los perros los asistan en sus dudas. El primero de los cuestionantes se acerca al perro más próximo. Un señor pequeño que no enano, se acerca corriendo y apresurado se pone al lado del cuestionante. En la mano tiene un micrófono de color verde. Al parecer es el interlocutor. Le pone el micrófono en la boca al cuaestionante quien suelta la primera pregunta de la noche:
¿Vendrán a mí los hijos de la noche? El pequeño señor ahora desvía el micrófono hacia el perro...y el perro le contesta en un clarísimo español: Claro.
Carmen sale de su pensamiento al escuchar la extrañísima voz del perro. Es como la un niño enfermo de las amígdalas. Dulce y rasposa al mismo tiempo.
--Wow, también hablan. —dice Carmen anonadada.
--Pues que esperabas te digo que son súper especiales.--Presume el testes.
Ahora es el turno de otro personaje el de cuestionar a los perros. Esta vez se trata de un largísimo negro que carga una bolsa de terciopelo en su brazo. De la bolsa saca una pierna, al parecer de cerdo, un jamón. El se dirige al segundo perro. El pequeño señor hace lo mismo, le pone el micrófono y el largísimo negro pregunta: ¿Es esta la pierna de mi puerco desaparecido?, el perro contesta: Si.
La voz de este perro es igual a la del otro.
Y así consecutivamente va preguntando la gente y los perros van contestando. Casi todos salen contentos. Son pocos los que lloran aunque la mayor parte se va igual que como entro: Con más preguntas que respuestas.
El textex le dice a Carmen que ahora es su turno. Uno de los asistentes para en seco a Carmen y le guiña un ojo.
Carmen por fin llega hasta con los perros. Le tocará hacer su pregunta al tercer perro, el pequeño señor le pone el micrófono, ella lo arrebata y suelta la pregunta: ¿Existe Dios?
El perro la observa incrédulo y se lanza sobre ella, le atrapa una mano, con la que tenía agarrado el micro, los otros dos perros también se le lanzan y la comienzan a morder hasta que la dejan tirada en un charco de sangre. Los enanos alarmados y chillando toman a los perros y se os llevan aun lugar oculto. La gente chifla y reclama la ofensa.
El textex desilusionado se acerca a la desmayada Carmen. Se hinca dejando que sus rodillas toquen la sangre que emana de las profundas heridas hechas por los filosos dientes de los perros
El textex le pregunta al oído a Carmen.
--¿Que no te fijaste en el papel que estaba pegado en la mera entrada?
Carmen con un hilillo de voz le contesta.
--La verdad no.
--Pues tenías que haberlo hecho, niña tonta.
--Bueno y que decía.
--Nada de preguntas religiosas, niña tonta.
Dicho esto Carmen suspiro y cerró los ojos.




